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Los evangelios muestran que algunas palabras breves provocaban cambios profundos en quienes las escuchaban. Este curso parte de la intuición de que esa fuerza no reside únicamente en el contenido del mensaje, sino también en la estructura de la palabra: sus raíces, relaciones internas y tensiones de sentido.
Por eso, la pregunta central no es primero qué debemos creer ni qué debemos hacer, sino una pregunta distinta: ¿Cómo funciona esta palabra?
A partir de ella comienza el recorrido de La restitución del interior.
Restituir el interior no significa añadir algo nuevo a la persona ni conducirla hacia un estado ideal.
Significa reconocer qué ha ocupado el centro de la existencia, qué se ha desplazado hacia la periferia y qué necesita recuperar su lugar.
La vida interior puede fragmentarse cuando la atención se dispersa, las decisiones pierden dirección o las circunstancias terminan organizando la existencia desde fuera.
La restitución comienza cuando el interior recupera su función como centro de gravedad y las distintas dimensiones de la vida pueden reorganizarse alrededor de una mayor coherencia.
En este curso, esa posibilidad se explora a través de tres dimensiones: tiempo, tensión y espacio.
El curso recorre tres máximas de Jesús que, contempladas en conjunto, permiten explorar distintas formas de fragmentación y reorganización de la vida interior.
«Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento.» — Mc 13,33
Esta máxima permite explorar la relación entre percepción, despertar, atención, disposición y tiempo.
La pregunta que abre es: ¿cómo permanecer presentes cuando desconocemos el momento y la atención tiende a dispersarse?
«¡Tranquilos!, soy yo. No temáis.» — Mt 14,27
Esta máxima sitúa al participante ante la relación entre el centro interior, la presencia y el movimiento de retracción provocado por el temor.
La pregunta que abre es: ¿qué ocurre cuando la tensión desplaza el centro desde el cual interpretamos la realidad?
«Cállate y sal de él.» — Mc 1,25
Esta máxima permite examinar el límite, la interrupción, la salida y la recuperación de un espacio interior que había sido ocupado.
La pregunta que abre es: ¿qué necesita ser detenido o desalojado para que el interior recupere su lugar?
Las tres máximas no forman una progresión doctrinal ni una secuencia rígida.
Cada una constituye un gesto autónomo, pero juntas muestran tres dimensiones esenciales de la restitución:
Habitar el tiempo · sostener la tensión · recuperar el espacio
Modalidad: Presencial / en línea
Duración: [número de sesiones]
Horario: [día y hora]
Inicio: [fecha]
Cupo: Limitado
Inversión: [$________ MXN]
No se requiere conocimiento previo de arameo, siriaco, filología o teología. El curso proporciona los apoyos necesarios para seguir el recorrido.
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